Reseña | Dororo – Capítulo 8 — Kudasai

Reseña | Dororo – Capítulo 8 — Kudasai

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lightbulb_outline La siguiente reseña Dororo – Capítulo 8 contiene spoiler, si ya viste el capítulo por
favor sigue leyendo, sino puedes verlo en cualquiera de las plataformas. Aviso,
esta serie es algo gráfica, atractiva, curiosa y muy entretenida, te encantará
seguir esta historia y recuperar las extremidades vendidas.

DORORO

TVアニメ「どろろ」公式

CAPÍTULO 8 “LA HISTORIA DE LA ARAÑA DE SARU”

Una buena superstición, un temor generado por quienes tienen más sabiduría y un Nokosaregumo sobre las cabezas de quienes ya perdieron la razón. El poder del cerebro se activa cuando revives todos tus nervios y tus sentidos se unen al encuentro. Los pactos estrechados entre oro, resguardan un gusano entre sus adentros. Una gran bestia intenta tomar el poder a base del miedo. Las estrategias armadas por un buen equipo, dan excelentes resultados y los enternecedores momentos sobraran para el final.

OPINIÓN
CAPÍTULO 8

Dicen que una buena lluvia se lleva todo, haciendo un barrido perfecto que deja solo paz y calma, quizás sea una frase muy redundante si la traemos al contexto de la realidad. Esa realidad que Dororo nos ha sabido presentar en cada capítulo, dejándonos la mente tan clara como una fuerte lluvia que arraso con todo lo que nos impresiono, preocupo, desespero y
hasta lo que nos logro impactar de sus escenas pasadas , para luego traernos nuevas historias y momentos, que junto con aquella lluvia, han sembrado en todos las mejores enseñanzas. ¿Qué sería de la historia sin aquellas supersticiones? Esas que fueron absurdas, algunas un poco lógicas, otras muy aterradoras y las más comunes, aquellas sádicas que supieron incursionar en cada cerebro y acampar en él, para no permitirle a su huésped pensar más allá de esa barrera llamada ignorancia. Una de esas supersticiones muy sacadas de un libro de nuestro nobel literario, algo así como “Crónica de una Muerte Anunciada” o “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, esos augurios que terminaron siendo reales, solo porque cada cabeza loca, movió un engranaje para que todo terminara tan mal como lo imaginaban. No sé muy bien que será “Nokosaregumo”, además de lo obvio, una nube negra olvidada sobre un pueblo olvidado, pero estoy segura de que en este capítulo y esta reseña, saldremos de esa duda.

Cuando dicen que la vida apesta, nuestro cerebro piensa en tantas cosas como se le es posible, cuando la vida que habita donde apesta dice aquella misma frase ¿Podrá tener el mismo sentido? Lo que si es cierto es todo esto, es que al ver a Dororo y Hyakkimaru caminar por aquel risco lleno de géiseres que expulsan solo hedor a azufre, nuestro cerebro reproduce en nuestro olfato aquel olor que no estamos inhalando, pero que de una u otra forma lo sentimos muy cercano. Este párrafo estará lleno de lo que aparenta ser, lo que es y lo que debería ser, como la ironía de una novia feliz camino a casarse con un monstruo… Lo cómico en esto y les aseguro que es para reír voluntariamente, es que cada novia guarda una infelicidad dentro llamada futuro temor, aquel miedo que produce la idea de unir lazos con lo que podría ser una “Nokosaregumo”, una enorme nube negra que apañara tu vida de cenizas y oscuridad. O en dado caso, podría ser al revés y ser el novio quien sufra después.

Los encuentros con Dororo y Hyakkimaru siempre serán algo fortuitos, pues vivir en una era llena de horror, guerra y monstruos al acecho, te harán desear estar rodeado de la mejor compañía. La historia de este capítulo está muy ligada a la creencia de varias culturas, aquella creencia en la que una mujer debía ser sacrificada para salvar al resto, para saldar una deuda, traer paz o acabar con una miseria, en todo caso, las mujeres eran un valioso recurso menospreciado. Ahora un pacto entre un pequeño negociador (Dororo), un lobo desesperado por salvar a un miembro de su manada (Saru) y un silencioso asesino (Hyakkimaru), será estrechado entre pepitas de oro.

Ser voluntarios ante las dificultades y tomar el mando de las soluciones, es un impulso digno de admirar, pues evades todos tus temores, entregas toda tu voluntad y te abalanzas a lo desconocido, solo para aceptar lo que te ponga el camino con tal de ayudar a otros a vivir sin dificultad. Eso es justo lo que hizo aquella joven novia, que situada en medio de una roca como aperitivo servido, dispuso su vida para salvar la de su hermano y sus conciudadanos. Pero la dificultad no está en ser un sacrificio, sino observar el proceso de la auto entrega y no poder hacer nada para evitarlo, pues Saru fue salvado por aquella que se entregó y Hyakkimaru entendió por vez primera, cuál era la desventaja de su ceguera, el no poder ver algo tan claro (Me refiero a aquella maldad que era tan notoria, pero que siendo tanta, fue imposible vislumbrar el punto donde atacar).

Los recuerdos nos ayudan a mantener viva la presencia de quienes amamos, nos llenan de fortalezas y nos impulsan a continuar el frió camino de la vida. Es por ello que en esta serie deberíamos tomar algunas notas, crear memorandos de las enseñanzas que aquellos personajes ficticios nos infunden y que podrían servirnos en esta vida, un ejemplo de ello es la determinación de los más jóvenes, de Dororo y Saru, sus vidas han sido duras pero ello siguen con pie firme, dándole buena cara a la mala racha. Un buen plan se cocina en las manos y mentes de los más pequeños y su arma secreta para finiquitar aquel plan, será el ataque de Hyakkimaru.

Una buena estrategia, una buena ejecución, un buen equipo, un sencillo plan por seguir, atraer al Ayakashi Cien Pies, enfurecerlo (fácil), distraerlo, llevarlo a la trama y atacarlo. Pero en todo plan, algo falla y es allí cuando tu cerebro trabaja el doble por rescatar un plan B. Si no resalto la inteligencia de los planes que aquí ser arma, no tendría sentido reseñar, pues el ataque de Hyakkimaru fue más que épico. Con la ley del sonido logro ubicar al Ayakashi lanzándole unas débiles flechas, que solo rosaban la coraza de la cabeza de aquel gigantesco monstruo y al sentir bajo el sonido que aquello estaba cerca, nuestro personaje habilidoso desenvaino su espada y corto a la bestia.

Aquel monstruo solo sufrió una cortada en su ojo, pero al notar Dororo que su hermano ubicaba a la bestia por medio del sonido, se lanzó valeroso y con sacrificio sobre la cabeza del Ayakashi, para montarlo como corrida de toros, esto… esto despertó lo que todos queríamos volver a escuchar, la voz de un preocupado Hyakkimaru por su pequeño hermano. Entre estos dos compañeros de vida guiándose el uno al otro para lograr un mismo cometido, acabaron con el enorme Cien Pies de dos cabezas y para ser sincera, me esperaba ver una escena de Gepeto dentro de la ballena interpretado por Hyakkimaru, quien al abrir en dos a aquel Ayakashi, se liberó de su mordida y libero a la joven que en un inicio había sacrificado su vida.

Jajajaja esto ha sido lo más tierno que he podido ver y no me refiero a todo lo anterior, me refiero a nuestro Hyakkimaru recuperando el sentido del olfato. Literalmente al ver su carita con la reacción del olor a azufre, fue para enternecer un capitulo lleno de sacrificios. Pero la felicidad no termina aquí, los finales felices están desbordándose como los géisers, Saru vivirá con su hermana por elección, quien lo bautizara con un mejor nombre. Dororo se va con un trozo de oro y no es aquella pequeña piedrita, es la enorme alegría que se ha ubicado en su interior, al escuchar por vez primera su nombre en boca de Hyakkimaru. Espero les haya gustado esta reseña, aquí les dejo el link del capítulo anterior y sin más nos vemos en la próximo historia de Dororo.


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